
Llegamos a AlexanderPlatz donde se encuentra el edificio más alto de la Unión Europea, la Torre de televisión, verdadera “joya” de la arquitectura socialista. Berlín es muy extenso, lleno de zonas verdes, parques y canales; el río Spree serpentea por toda la ciudad y sus orillas están llenas de terrazas y chiringuitos..JPG)
Grandes avenidas y muchos espacios vacíos, literalmente vacíos. Parece aún una ciudad por terminar. Llegamos hasta la Isla de los Museos, centro neurálgico del arte. Aquí están concentrados los verdaderos centros del arte de Berlín: El Pergamonmuseum, donde se exhibe el Altar de Pérgamo y la Puerta de Isthar (arte babilónico), el Altesmuseum, donde se encuentra el busto de Nefertiti, en una urna de cristal, el Alte Nationalgalerie, que abarca pintura anterior al siglo XX, y el Bode Museum.
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Tras esto visitamos la Catedral, el Berlín Dome y la puerta de Brandemburgo en Pariser Platz, todo un icono berlinés, pasando por el Monumento al Holocausto, laberíntico y de gran simbolismo. En uno de los muchos solares vacíos que aun permanecen por toda la ciudad, se encontraba el búnker donde Hitler y los altos mandos nazis perdieron la última batalla, en 1945. Allí se quitaron la vida tanto él como el resto de sus incondicionales, incluidas sus esposas e hijos. Me vino a la cabeza la película “El Hundimiento”. Llegamos a Friedrichstrasse, zona comercial, al sur de dicha calle, Checkpoint Charlie, antiguo paso fronterizo entre los dos “Berlines".
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El Muro todavía serpentea su sombra por la ciudad; si te fijas para el suelo en muchas aceras y calles se marca su antiguo trazado y los restos del Eastside Gallery: el muro convertido en un enorme lienzo lleno de pinturas. Hicimos una pequeña incursión en el Café Zapata que está en la casa okupa que se supone es la más antigua de Europa. La zona más moderna y vanguardista de Berlín se concentra entorno a Postdamer Platz. Allí tuvo lugar una reorganización urbanística muy a lo bestia, fruto de la cual surgió el denominado “Sony Center”, un conjunto de edificios de acero y cristal, de puro diseño, con formas de lo más variopinto y plaza de Marlene Dietrich. Me sigue sorprendiendo su arquitectura. Justo al lado, el Kulturforum, centro del arte moderno por fuera y por dentro, ya que los edificios en sí son auténticas obras de arte. Arquitectos como Walter Gropius o Mies Van der Rohe, han dejado su “sello” particular. La Neue Nationalgalerie, obra de este último, contiene toda una colección perteneciente a artistas de las vanguardias europeas de principios del siglo XX, sobre todo Expresionismo alemán.
A veinte minutos de Berlín, en tren, se encuentra la ciudad de Postdam, de obligada visita. Postdam es un “mini versalles” alemán, con sus palacios de la época imperial como el Neue Palais o Sansoucci. Allí también se encuentran los estudios de la productora de cine UFA, una especie de “Cinecittá” alemana. En ellos se rodaron auténticos clásicos como “Metrópolis” o “El Gabinete del Doctor Caligari”. El Bundestag o Parlamento alemán fusiona lo clásico y lo moderno, ya que en la actualidad está coronado por una cúpula semiesférica de acero y cristal, obra de Norman Foster, desde la que se pueden ver los escaños de “sus señorías”, y si tienes suerte podrás asistir, desde lo alto, a una sesión del Pleno. Esta cúpula simboliza la esencia de la democracia: los ciudadanos por encima del poder político.
Además los elementos modernos están perfectamente integrados y no desentonan del edificio original. Para encontrar verdadera tranquilidad lo mejor es adentrarse en Tiergarten, el parque más famoso de Berlín. Los almacenes KaDeWe, son una especie de Harrods a la berlinesa y el museo de la Bauhaus en realidad es un archivo. El edificio es de lo más vanguardista, seguro que una maravilla para los iniciados en la arquitectura. Otros se van a ver el Museo Judío y el cementerio Judío y así se termina nuestra experiencia berlinesa.