

En esta 48 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón del año 2010, tuvimos la enorme buena fortuna de contar con la presencia de Víctor Erice. Han pasado muchos directores por Gijón en todos estos años, y siempre hay alguien con el que especialmente puedes aprender un poquito más sobre cine, pero este caso es excepcional, porque probablemente es el director que más se estudia en todas las escuelas de cine españolas (y seguro que de más países) que jamás haya pasado por Gijón, y vaya si han pasado directores; así que estoy muy feliz y el aprendizaje ha sido pleno.
Para los que no han podido estar, debo decir que también ha sido un encuentro especial, porque hay pocos coloquios que duran más que la duración de la película proyectada, y esto hace ver el interés que despierta Víctor Erice, quizás también debido a su escasez de apariciones públicas de ningún tipo.
Se presentó por primera vez oficialmente en España (otro acontecimiento) la película documental "Víctor Erice: Paris-Madrid, allers-retours", dirigida por Alain Bergala, un director gran estudioso del cine, cosa que se nota en todo el contenido que nos cuenta el documental. Creo que deja para la posteridad un documento único en cuanto a las reflexiones que nos transmite sobre el mundo del cine a través de la visión de Erice, pero el sabor es agridulce por el desencanto del cineasta con las producciones de sus películas, y porque nos deja la sensación de ser una especie de testimonio final y de renuncia a volver a embarcarse en otra producción colectiva, o por lo menos parece no tener ninguna ilusión por ello.
Gracias al festival por hacer posible este encuentro; estas son algunas de las reflexiones de Víctor Erice en Gijón:
"Tengo la conciencia, por mi edad, de que las cosas que han constituido mi experiencia vital y cinéfila están a punto de desaparecer o han desaparecido ya, y siento la necesidad de dejar un pequeño testimonio, aunque sólo sea para que los más jóvenes no cometan los mismos errores que cometió mi generación. La morte rouge, pese a la precariedad de la imagen, es un pequeño testimonio".
"Cuando hago una película no trato de reflejar una verdad, sino que voy al encuentro de algo que desconozco al empezar".
"El cine revela la tradicional división entre materia y espíritu quizás mejor que cualquier otra disciplina artística". "Esa contadicción es, a mi modo de ver, la fuente de su vitalidad". "Por el proceso de realización de una película pasa todo el espectro de la sociedad".
"Mi generación tuvo un sentimiento de orfandad muy fuerte que se acabó transmitiendo a mis películas".
"El espíritu de la colmena surgió porque yo acepté buscar una cierta integracion en la industria. Era como si dijésemos: oigan, hemos acabado la carrera y sabemos hacer cine, contrátennos". "Ante los problemas financieros, decidí hacer un Frankenstein de los pobres".
"Bresson fue, antes que cineasta, pintor y dijo que en el cine no era necesario buscar imágenes bellas, sino imágenes necesarias".
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